Devolver alma y corazón a un clásico puede otorgarle incluso un vigor mayor del que tenía cuando era joven y nuevo. Ciertas ilusiones nunca exageran.
Los Marfil son en este sentido grandes catalizadores de fantasías verdaderas, si es que se nos permite este oxímoron como recurso periodístico.


¿Por qué alegamos esto?: guarda en sus instalaciones de Vélez-Málaga un Renault DR, un DAF 1595, cuatro Volvo (F10, F12, F16 y FH 12), un Iveco EuroStar y un TurboStar (edición especial), un Troner, un Barreiros, un Kenworth W900 y, evidentemente, el Scania 143 M que ilustra este reportaje.
“En un futuro quisiéramos tener al menos un modelo representante de cada marca, para poder hacer nuestras comparativas”. Quien hila estas palabras, tras hacernos toda una exhibición técnico-emocional de los camiones citados, es un chaval de 14 años llamado Alejandro, hijo de Jesús Marfil, corresponsable, junto a su hermano Antonio, de Transmarfil, empresa fundada en 1996, que cuenta en la actualidad con unos 55 camiones frigoríficos.





“El Scania 143 M es un camión que se hizo muy emblemático en España a mediados de los 90 con sus dos versiones, una más old scholl y la otra un tanto más moderna, que es esta.
Había gente que quería este modelo porque era rudo para el trabajo, dándote además el gusto de tener un Scania – razona Alejandro -, que era algo más caro para los estándares de esa época”.


Reconocible en Málaga
En la malagueña Transportes Cotravelma dio sus primeros pasos laborales este Scania, que los Marfil adquirieron cuando estaba en manos de un tal Carlos, con el que llegaron a un buen acuerdo.
“Venía con un carenado que no le pertenecía, varios oxidados y falto de algunos elementos, pero andaba, que es lo importante.

Enseguida nos inclinamos por dotarle de un estilo holandés – continúa Alejandro -, porque consideramos que define mejor la esencia del camión. Yo era muy niño cuando llegó aquí. Recuerdo tener 7 u 8 años y decir: ‘Papá, si está hecho polvo’.
Pero poquito a poco lo he visto evolucionar. Acoplamos una careta y carenado nuevo, con faros y pilotos. En Pinturas Roberto fue ganando elegancia con esa imagen en rojo y blanco, sin vinilo ninguno. A mí lo que más me encandila de este camión es verlo por detrás, con sus chimeneas y ese negro tan propio del Holland Style”.


Ciertamente esos contrastes en negro, junto a las franjas blancas y las chimeneas sobresaliendo por encima del spoiler del camión, hacen que cuando asoma parezca que te venga un titán, sobre todo cuando presenta sus dos concentrados caños de humo negro.
“Si le tocas un poco al camión la bomba de combustible – nos explica -, lo potencias, produce más gas y puedes conseguir si lo deseas ese efecto tan impactante. El próximo objetivo que tenemos marcado es un camión Mercedes. Ya lo acordaremos – concluye Alejandro -, porque en Transmarfil todos los camiones son de todos”.

Alejandro Marfil Rico (14 años), de Málaga.
Recién acabado 2º de la ESO, hablamos con un muchacho que al poco te hipnotiza con sutil sagacidad de erudición pre-adolescente.
-¿Seguirás estudiando más adelante?
-Sí. Ingeniería mecánica.
-¿Para ejercer en Transmarfil?
-Me veo más regentando un taller propio, pero la vida da muchas vueltas.
-¿La de ser camionero podría ser una de esas vueltas?
-Tal vez. Me gustaría llevar un porta-coches y hacer ruta internacional.
-¿Y cuál sería tu camión?
-Un R530, que tiene el motor más pequeño de Scania en V. Para rematar, en amarillo metalizado.
-¿Y que te dicen tus padres?
-Mi madre, que cumpla todo aquello que sueñe, pero que acabe una carrera.
-¿Y Jesús?
-Con mi padre es que ya he cumplido tantos sueños desde que de pequeño me ponía de copiloto en una sillita. La primera vez que me dejó llevar a mí solo un camión tenía 11 años. Para mí es ejemplo. No sé cómo escoger las palabras. Sólo sé que tanto él como mi madre todo lo hacen por mí.


